Parece que el tiempo se congela sin darnos cuenta a nuestro alrededor, todo se desploma a cámara lenta. Estruendos mudos que los cristales crean al caerse y estamparse contra el suelo. Y nosotros quietos, como si nada ocurriese, como si lo único que hubiera pasado fuera una brisa de verano. Sin importarnos el mundo entero, ahí estamos, sólo escuchando nuestro aliento y únicamente pendientes de nuestros cuerpos.

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