Pasear por esas calles iluminadas cogida de tu mano. Sentarnos en un pequeño bar a mirar las estrellas mientras cenamos. Montarnos en un barco que nos lleve por el Sena. Visitar los Campos Elíseos y perdernos por el Palacio de Versalles. Subir a la torre Eiffel y creer que somos las únicas personas que quedan en el mundo... Y después de un largo día y de una maravillosa noche llegar al hotel, salir a la terraza para contemplar París hasta que el sol aparezca. Y cuando ya nuestros ojos estén cansados de tanto mirar a las estrellas, cuando nuestros labios estén cansados de besarnos, cuando nuestros oídos estén cansados de escuchar el murmullo de la calle despedirnos con un "hasta luego" y después de esto último fundirnos en un largo beso mientras que el sol nos ilumina en esa terraza de París.

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