El tiempo pasa y nosotros cambiamos. Maduramos, aunque parezca imposible.
Dicen que la etapa más difícil de nuestras vidas es la adolescencia, hasta los 20.
Cada vez me doy más cuenta de que es verdad. Pasamos de comportarnos como niños a tener que pensar y actuar como un adulto, porque es lo que se espera de nosotros.
Me da miedo. Vemos a nuestros amigos separarse de nosotros cada año que pasa; tienes la sensación de que estás solo y que no tienes a nadie para hablar, para que te escuche. Te das cuenta de que todo no es tan maravilloso como pensabas, como te lo pintaban. La realidad duele.
Duele despertarte de repente de las nubes y verte cayendo sin frenos. Duele darte cuenta de que este mundo no es de colores, que en él predominan el blanco, el negro y el gris, en todas sus variedades.
Un día te despiertas y ves el cuarto lleno de juguetes, al otro, simplemente nada.
Pero lo que más duele es ver a esos niños queriendo aparentar que son mayores, las niñas de 12 años poniéndose tacones y saliendo de fiesta para emborracharse, niños fumando en las esquinas para ser "guay"... Lo peor es que no se dan cuenta de que cuando sean mayores, cuando les vengan las responsabilidades, echarán de menos su infancia, esa que nunca vuelve y todos desearíamos vivir otra vez.
Dicen que la etapa más difícil de nuestras vidas es la adolescencia, hasta los 20.
Cada vez me doy más cuenta de que es verdad. Pasamos de comportarnos como niños a tener que pensar y actuar como un adulto, porque es lo que se espera de nosotros.
Me da miedo. Vemos a nuestros amigos separarse de nosotros cada año que pasa; tienes la sensación de que estás solo y que no tienes a nadie para hablar, para que te escuche. Te das cuenta de que todo no es tan maravilloso como pensabas, como te lo pintaban. La realidad duele.
Duele despertarte de repente de las nubes y verte cayendo sin frenos. Duele darte cuenta de que este mundo no es de colores, que en él predominan el blanco, el negro y el gris, en todas sus variedades.
Un día te despiertas y ves el cuarto lleno de juguetes, al otro, simplemente nada.
Pero lo que más duele es ver a esos niños queriendo aparentar que son mayores, las niñas de 12 años poniéndose tacones y saliendo de fiesta para emborracharse, niños fumando en las esquinas para ser "guay"... Lo peor es que no se dan cuenta de que cuando sean mayores, cuando les vengan las responsabilidades, echarán de menos su infancia, esa que nunca vuelve y todos desearíamos vivir otra vez.

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