Queda prohibido no sonreir a los problemas, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, no convertir en realidad tus sueños.
(PABLO NERUDA)

sábado, 24 de marzo de 2012

Pesadillas.


      Últimamente no paro de tener la misma pesadilla noche tras noche.
      Sueño que estoy en mitad de un paraje árido, sin vida; todo es de color blanco, tanto el cielo cómo la arena que cubre el suelo agrietado que hay bajo mis pies descalzos.
      Empiezo a andar, pero parece que nunca llego a donde quiera llegar, parece que el paisaje árido nunca termina.
      De repente veo una silueta, una sombra de un personaje desconocido. Corro hacia él pero no lo alcanzo; cada vez está más lejos. Pero para mí sorpresa esta vez, al contrario que en noches anteriores, el personaje no se movía, ni se alejaba; es más, me esperaba.
      Empecé a acercarme, pero conforme lo hacía, unos sollozos y lamentos sonaban con cada paso que daba. No entiendo el por qué de esos llantos. Parecía que me seguían; cada vez el sonido era más ensordecedor, me provocaba estremecimiento y terror, los músculos se me agarrotaban y terminaba paralizándome. Pero cuando continuaba la marcha hacia a aquella extraña sombra volvían a aparecer. Esta vez decidí seguir, intentando ignorar mis miedos y alcanzar a mi personaje desconocido.
 Cuando estaba a tan sólo un paso la tierra se abrió bajo mis pies, los sollozos se oyeron claros y podía distinguir las palabras que salían de las paredes: nombres, palabras extrañas en otro idioma y gritos ahogados. Caía en un pozo sin fondo, sin saber a dónde llegaría. Hasta que al fin aterricé en mi cama, empapada en sudor y lágrimas, destapada completamente.
      Me incorporo, aliviada de que la pesadilla ha terminado. Abro los ojos y pego un grito; el corazón se me encoje al ver que los fantasmas de mis sueños, las autoras de esas voces y esos llantos, se encuentran a los pies de mi cama, mirándome con los ojos ensangrentados y sus vestidos blancos embarrados; alargando sus extremidades para intentar atraparme y llevarme con ellas al mundo del Hades.
      En ese instante la puerta de mi habitación se abre y las tres hermanas morenas y demacradas se esfuman, como si nunca hubieran existido, hasta que mis ojos se cierren de nuevo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario